El Viejo Almacen -Bs.As.

Surplus Approach

“Es necesario volver a la economía política de los Fisiócratas, Smith, Ricardo y Marx. Y uno debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y, ii) seguir y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica como se vino desarrollando desde “Petty, Cantillón, los Fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx”. Este natural y consistente flujo de ideas ha sido repentinamente interrumpido y enterrado debajo de todo, invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de una ola marina de economía marginal. Debe ser rescatada."
Luigi Pasinetti


ISSN 1853-0419

26/10/2012

Expansión Económica y Sector Externo en la Argentina de los Años 2000: Balance y Desafíos Hacia el Futuro





 Por Fabian Amico, Alejandro Fiorito y Agustina Zelada

 Posteamos el documento nro 45 del CEFID-AR sobre temas generales de financiación del desarrollo

Introducción


"A largo plazo sólo hay un remedio efectivo: el mundo subdesarrollado debe cambiar su estructura económica, debe diversificarla, depender menos de los productos primarios para su comercio de exportación, desarrollar sustitutos de las importaciones y alentar la producción de bienes manufacturados hasta el grado en que pueda exportarlos" (Kaldor, 1965).

Desde 2003, la economía argentina experimentó una fase de crecimiento acelerado sin precedentes, donde el crecimiento coexistió con una significativa acumulación de reservas y un persistente (aunque decreciente) superávit de cuenta corriente externa. Uno de los factores decisivos del crecimiento fue la vigorosa expansión del consumo privado, que creció a una tasa media anual del 7,75% entre 2003-2011.
Una parte significativa de este crecimiento del consumo privado estuvo vinculada a la mejora de los salarios reales y a la reducción del desempleo. El otro factor de impulso autónomo al consumo privado fueron, sin dudas, las significativas transferencias sociales que el gobierno implementó desde 2007 en adelante. Por el lado del sistema de seguridad social, se puso en práctica en 2007 el Plan de inclusión previsional, que otorgó cobertura a cerca de 1,4 millones de personas. Más tarde, hacia fines de 2009, el gobierno instrumentó la denominada Asignación Universal por Hijo (AUH), medidas que contribuyeron significativamente a reducir la pobreza y la indigencia, y también a la disminución de la desigualdad. Pero además fueron un factor relevante en el impulso al consumo privado autónomo y al propio crecimiento.
En un trabajo previo (Amico, Fiorito & Hang, 2011) se ponían de relieve los nexos entre el crecimiento del producto potencial y la demanda en el largo plazo. Allí se admitía que la mera expansión de la demanda no solucionaba todos los problemas, entre ellos la restricción externa al crecimiento, o la integración del entramado industrial y los desequilibrios de la estructura productiva, todos los cuales requieren políticas estructurales ad hoc. En suma, “el proceso de desarrollo requiere un conjunto articulado de políticas que van más allá de la expansión de la demanda”. Por ende, las políticas expansivas-keynesianas deben articularse con las políticas estructurales.
Esto es particularmente relevante en la Argentina actual. Y no constituye solamente un problema económico. Marcelo Diamand escribió en 1985 que el péndulo argentino –ese movimiento oscilatorio entre alternativas nacional-populares y liberales-ortodoxas- tenía causas mucho más profundas que un supuesto “empate político” entre fuerzas sociales rivales. Para él, los ciclos de expansión-recesión obedecían a un problema no resuelto de la balanza de pagos que tenía relación estrecha con la estructura productiva y que, por una vía u otra, sea cual fuera la alternativa gobernante, afloraba inevitablemente como un resultado de la política en aplicación.
En este ensayo se intenta explicar cómo fue posible la conjunción –inédita en la historia argentina- de un ciclo de crecimiento de los más intensos de las últimas décadas con equilibrio externo, desendeudamiento y robustez externa. Se mostrará que este proceso ha sido el resultado de una particular interacción entre las nuevas condiciones internacionales vigentes en los años 2000 y el régimen de política económica que emergió tras la crisis de la convertibilidad y el default de la deuda externa.
El ascenso de China como una importante potencia comercial está en el centro de los cambios económicos mundiales y esta circunstancia ha llevado a mejores oportunidades económicas para muchos países de la periferia. Argentina se benefició de una fuerte demanda (y de altos precios de commodities), y también de los efectos benéficos que China produjo sobre otros países de la periferia y de América Latina. Esto permitió una combinación sin precedentes de alto crecimiento económico, cuenta corriente positiva, reducción significativa de los niveles de deuda y acumulación de reservas. La crisis financiera de 2008 que condujo a una recesión importante en la mayoría de los países desarrollados, no ha cambiado muchas de estas nuevas circunstancias para los países menos industrializados.
En este contexto, Argentina siguió una política económica pragmática, apartándose de la doctrina ortodoxa establecida, lo que condujo a un mayor crecimiento económico y progreso social liderado por el mercado interno. Estos resultados se lograron sin cambios sustanciales en el patrón de especialización comercial. Las mejoras se lograron a través de políticas keynesianas horizontales y muchas veces sin la intervención directa del Estado para promover el cambio estructural.
Esta prosperidad alcanzó en más o en menos a toda América Latina. Pero existen algunas diferencias importantes en estas experiencias que explican la mejor performance relativa de Argentina. Por un lado, por primera vez en más de treinta años, la política económica no ha utilizado el ajuste fiscal contractivo como mecanismo antiinflacionario. Por otra parte, es el único país de la región que mantuvo un tipo de cambio competitivo en los años 2000. Sin embargo, los mismos desafíos históricos (el desequilibrio estructural) siguen en su lugar, aunque en mejores condiciones para abordarlos. De hecho, los mismos factores externos que permitieron este ciclo de crecimiento implican un reto para el futuro.
Es posible una estrategia de desarrollo que profundice los logros de estos años y los tornen sostenibles. Para ello sería necesario una aceleración de la dinámica de la inversión pública, la que serviría de base de despegue para un conjunto de políticas estructurales (industriales, comerciales y cambiarias) destinadas a estimular la diversificación de la estructura productiva, de sus exportaciones y promover la sustitución selectiva de importaciones. Esto abriría un mayor espacio a las políticas macroeconómicas para continuar promoviendo la expansión del mercado interno.
Esta tarea supone asumir ciertos desafíos no solo en el diseño y ejecución de las políticas públicas, sino también respecto de ciertos necesarios cambios de concepción, en particular en lo que respecta al rol de la inversión pública y del financiamiento para el desarrollo. Bajo los años de la hegemonía neoliberal, los estados nacionales perdieron capacidad para regular la economía, cediendo sus espacios a favor de grupos sociales con fuertes intereses en la continuación de un modelo de desarrollo focalizado en la integración primaria y financiera. Sin la profundización de los cambios en estas esferas, la exitosa experiencia de estos años podría encontrar dificultades cada vez mayores en el futuro para seguir adelante y sostenerse sin cambiar el patrón predominante de crecimiento económico.
Este documento está organizado como sigue. La sección 1 hace una revisión de los esquemas analíticos principales para abordar los ciclos de expansión-recesión en la problemática de la restricción externa en la literatura estructuralista. Particularmente se discute el típico ciclo de stop and go vigente hasta los años 70 y su mutación con la apertura económica y financiera hacia lo que se denominó ciclos Minsky de fragilidad financiera.
La sección 2 tiene por objeto analizar las características principales del sector externo argentino y su vinculación con el proceso de crecimiento producido desde 2002, tras la quiebra del modelo anterior. En ese marco se analizan los rasgos principales del nuevo contexto mundial en los años 2000 en interacción con el cambio de régimen de política económica que se produjo tras el default y devaluación en 2001-2002. Luego se analizan las características principales del sector externo en esa etapa, focalizando el análisis en la nueva estructura de la cuenta corriente, la dinámica de las exportaciones e importaciones, así como la apreciación cambiaria y su vínculo con los términos de intercambio. El análisis se completa con la incorporación de la dinámica de la cuenta de rentas de inversión.
Frente a las propuestas que propician una forma de financiamiento externo basada en un “razonable” déficit de cuenta corriente financiado con mayores flujos de IED, el análisis revela la fragilidad estructural que la excesiva dependencia de los flujos de IED puede producir en el balance de pagos de la economía, y llama la atención sobre la similitud de los flujos de IED basado en la alta reinversión de utilidades con un esquema Ponzi.
La sección 3 realiza unas esquemáticas proyecciones de la sustentabilidad externa de la economía argentina en los años próximos y sugiere algunas alternativas de política y de financiamiento tendiente a hacer más robusta la cuenta corriente y recuperar la sustentabilidad externa, haciendo viable el proceso de crecimiento en el futuro. Con un enfoque basado en la teoría de la finanzas funcionales (aunque con modificaciones importantes), se sugieren algunas alternativas en dos grandes áreas de políticas factibles de operar sobre la sustentabilidad externa: la política macroeconómica y las políticas estructurales.
En ese marco se discute la viabilidad de complementar las políticas macroeconómicas (cambiarias, monetarias) con el aporte imprescindible de fuertes dosis de inversión pública en infraestructura, apuntando a lograr aumentos de productividad en aquellos sectores que afectan actividades básicas, y una serie de políticas industriales cuyo principal instrumento de política es la utilización del poder de compra del Estado para inducir ciertos resultados, en particular respecto de la política de sustitución de importaciones y de la promoción de ciertas exportaciones
En síntesis, a diferencia de los ciclos del pasado, la actual estructura de la cuenta corriente y la posición general del balance de pagos hacen que la economía argentina sea hoy mucho más robusta y registre uno de los índices de vulnerabilidad financiera más bajos de sus historia reciente. De modo que, en el contexto actual, un cierto déficit de cuenta corriente está muy lejos de configurar una crisis externa. O dicho de otro modo: para un mismo nivel de déficit de cuenta corriente, hoy el sector externo es mucho más fácil de administrar que en el pasado. De hecho, la tendencia al déficit de cuenta corriente es la norma en toda la región, aunque no parecen representar una amenaza como en el pasado. La disponibilidad de reservas y la flexibilidad cambiaria constituyen una de las diferencias principales. Los riesgos reales son los que atañen al proceso de industrialización y no a la posibilidad de ocurrencia de nuevas crisis financieras y externas. En suma, el desafío es aprovechar las nuevas condiciones que definen la sustentabilidad externa para producir un cambio estructural y hacer sustentable el crecimiento de largo plazo.


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